La consternación que surgió en no pocos capitalinos al enterrase del
supuesto levantón que sufrirían al
menos una docena de jóvenes de Tepito cuando salían de un centro nocturno
ubicado en la Zona Rosa no es, por más
que los sobrevaloradores del espíritu humano insistan, una muestra de la
empatía del homo sapiens sino una
manifestación del miedo que tienen los que viven en la Ciudad de México de que
la violencia provocada por las pugnas entre los cárteles de la droga les
afecten.
Desde un punto de vista muy
inapropiado, la guerra contra el narco de Felipe Calderón triunfó pues
desintegró a los grandes cárteles de la droga y creó empleos. Claro que si se
menciona que la desintegración más bien fue fragmentación, que las vacantes que
se pedían y que rápidamente se ocuparon fueron de sicarios y que el mencionado
punto de vista muy inapropiado era el usado por los más caraduras de los
panistas para defender a su partido, resulta bastante difícil no alegrarse por
la debacle actual de PAN.
A pesar de que el mercado de estupefacientes más prometedor es el
estadounidense, los nuevos grupos que
comercian con narcóticos no pueden guerrear equilibradamente contra sus
similares de mayor tamaño (de los que alguna vez formaron parte sus líderes)
por las rutas hacia el norte, de modo que deben conformarse con el mercado
nacional, dentro del que, por cierto, los llamados chilangos son muy importantes. “Si la vida te da limones, has
limonada” cuenta el popular dicho…
Probablemente lo que más alimenta el temor de los miembros de las bandillas
vendedoras de ilegalidades que se creían con el control de algún territorio del
Distrito Federal sea que entre los que parecen haberse esfumado de la Zona Rosa
hay dos vástagos de narcomenudistas.
Ya como comentario final, no es inmoral, ni siquiera erróneo, considerar
que el valor de la vida es variable, es decir, que un individuo es más importante
que otro. En las especies instintivas la valía de un miembro depende de su
jerarquía y edad: no se resiente igual en una colmena el deceso de una abeja
obrera que el de la reina, por ejemplo. En las especies pensantes, como, se
supone, es la humana, la importancia de un elemento tiene que ver con su
aportación a la supervivencia y el desarrollo de su comunidad, de esta manera los
de las clases trabajadora y productora de conocimientos son los que deben ser estimados,
no así los vividores (siendo estos los maromeros mentales y los delincuentes).
Por último, para clarificar la idea del presente párrafo (que intenta contestar
a una molesta cuestión formulada por
algunos): sí, habría que preocuparse mucho más por la desaparición de
profesores que por la de quienes viven escondidos en callejones.
…
Al parecer la
clase gobernante española está llevando a cabo una nueva estrategia para
combatir a los dibujantes políticos izquierdistas: soltar declaraciones tan
descaradas que, simplemente, no se puedan satirizar. ¿Cómo explicar de otro
modo los lamentabilísimos decires que han dirigido a su pueblo algunos
políticos españoles?, ¿solamente ganas de burlarse del desgraciado?
Entre el "Los
votantes del PP (Partido Popular) dejan de comer antes de no pagar la
hipoteca" de la secretaria general de ese partido y la invitación a los hispanos para ahorrar energía bañándose
con agua fría del ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente,
Miguel Arias Cañete, queda claro que si
bien es la crisis de capitales por la que se acongoja el ciudadano de a pie, la
de valores morales es la que “le pega” a los gobernantes.